La marca de whisky escocés creó una botella de diseño exclusivo para rendir homenaje al Perú. Conversamos con Juan Carlos Pizarro, Regional Head of Reserve en Diageo, sobre la campaña.
Desde el 2015, el whisky Johnnie Walker convierte sus botellas en creaciones artísticas para celebrar las ciudades y países más representativos del mundo. Es la primera vez que en Perú se lanzó esta edición exclusiva, Johnnie Walker Blue Country Edition, justo para festejar las Fiestas Patrias.
Para conocer más sobre la campaña de esta nueva edición, conversamos con Juan Carlos Pizarro, Regional Head of Reserve en Diageo, quien nos dijo que la marca siempre está en búsqueda de sorprender y gratificar a sus consumidores.
“Siempre hemos tenido diferentes iniciativas con nuestras botellas y etiquetas. Los consumidores siempre han respondido muy bien a las botellas con un diseño diferente. Se da especialmente con nuestra colección “Pionering Country Edition” de Johnnie Walker Blue Label, ya que el público sabe que son botellas de colección”, comentó Juan Carlos.
Asimismo, esta nueva edición se está presentando por primera vez en nuestro país y la marca tiene muy buenas expectativas. “En el caso de Johnnie Walker Blue Country Edition Perú, esperamos que el interés sea mucho mayor ya que solo hay 500 botellas con este diseño. Es una edición muy limitada que solo sucederá una vez en la vida. Y es la primera vez que desde Johnnie Walker se hace un homenaje de esta forma al Perú, y con una etiqueta tan emblemática como Johnnie Walker Blue Label”, aseguró.
La marca ha lanzado varias versiones de diseño pero más dedicadas a las ciudades y la idea de trabajar con países es relativamente nueva, dijo Pizarro. “Perú es el primer país en Sudamérica donde se lanza esta edición limitada y las Fiestas Patrias fue el momento preciso a manera de homenaje a la historia peruana. También es importante señalar que el consumidor peruano ha evolucionado, y hoy hay un mayor interés por la calidad del líquido, del Whisky. Y por disfrutar de un Whisky de tan excepcional calidad como Blue Label. Eso suma para tener el momento perfecto para lanzar esta edición limitada”.
Además, el artista que plasmó toda la cultura de nuestro país fue Jonny Wan, ilustrador internacional que ha participado en campañas muy importantes como diseñar los posters para el Oscar 2015. “Nuestra casa matriz en Londres buscó diseñadores que tuvieran alcance global y Jonny calzaba con ese perfil. Sus ilustraciones se inspiran mucho en el arte antiguo como el egipcio, el maya y el inca. Quedó fascinado con los patrones geométricos en nuestra arquitectura, textiles, cerámica y joyería. Su diseño en la botella Johnnie Walker Blue Label Country Edition Perú es un viaje a través de la historia de nuestro país y eso era lo que estábamos buscando. Jonny también ha diseñado las botellas de Johnnie Walker Blue para otros países en el mundo como Líbano y Tailandia”.
Se le consultó sobre la posibilidad de trabajar con diseñadores nacionales. “Nos encantaría que artistas peruanos intervengan nuestras botellas de Johnnie Walker y estamos revisando esa posibilidad para poder hacer alguna colaboración con alguno de ellos. Tenemos en Perú, increíble talento para lograr diseños extraordinarios. Sin embargo, para esta edición limitada buscábamos un perfil más global, al ser un homenaje hacia el Perú”.
Cómo mensaje final Juan Carlos Pizarro, Regional Head of Reserve en Diageo, comentó que “la cultura y herencia del Perú es única y buscamos celebrarlo a través de una etiqueta de Johnnie Walker que sea también especial. Para poder lograr Johnnie Walker Blue Label, se realiza un proceso único donde se selecciona manualmente solo una de cada 10.000 barricas que ha logrado la calidad excepcional para ser parte de este blend. Esta excelencia de su contenido está reconocida con el sello Real. Adicionalmente, cada botella es única, está numerada individualmente y son solo 500 botellas de esta edición. Es así como buscamos celebrar la historia de progreso de Perú. La conjugación de las tradiciones ancestrales de nuestra nación y el arte de Johnnie Walker han creado esta botella de diseño particular”.
El vino es una bebida que se obtiene de la uva, el fruto de la vid. Desde hace miles de años, mediante un proceso de natural de fermentación, se consigue este apreciado producto. En CurioSfera-Historia.com, te explicamos la historia del vino y su origen. También quién lo inventó, dónde y cuándo se empezó a fabricar.
Origen del vino
Para poder conocer el origen del vino, debemos retroceder miles de años en la historia del hombre.
Muchas personas que se interesan por los inicios de esta preciada bebida alcohólica, buscan respuesta a alguna de estas 3 preguntas que vamos a responderte:
¿Quién inventó el vino?
¿Dónde se inventó el vino?
¿Cuándo se inventó el vino?
No hace falta ser un verdadero experto para poder apreciar este líquido, pero si es cierto que cuanto más se aprende sobre él, más se puede disfrutar. Si sientes curiosidad o estás buscando respuestas, has llegado al lugar adecuado.
¿Dónde se encuentra la cuna del vino?. Es una pregunta muy difícil de solventar. Algunos creen haber hallado la respuesta en los Montes Zagros iraníes.
Allí fue hallada en 1986, una vasija procedente del Neolítico, en cuyo interior se comprobó que había restos relacionados con la crianza del vino. Se calcula que su origen es del año 5000 a.C.
En el antiguo Egipto, creían que fue el rey mítico Osiris quien plantó la primera vid en la ciudad de Thyrsa y posteriormente elaboró el primer vino del mundo.
La mitología griega, atribuye la invención del vino a su dios Dioniso. Por ese mismo motivo era el dios de la vendimia y el vino.
Igualmente los romanos, que llamaron a este dios con el nombre de Baco, le atribuyen el honor de ser el descubridor del vino.
Por otro lado, también existe la visión histórica judeocristiana del vino, que se opone a todo lo anteriormente expuesto:
En el capítulo 9 del Génesis se atribuye su hallazgo a Noé, quien al salir del Arca tras el diluvio encontró unas viñas, de cuyo fruto comió tan abundantemente que terminó emborrachándose.
Pero también se lee en el libro de los Proverbios: “Dad vino a quien tiene el corazón lleno de amargura”, y el profeta Ezequiel aseguraba no haber planta más excelente, creada por Dios, que la vid.
En cualquier caso, durante todo este amplio periodo de tiempo alcanzaron cierto reconocimiento una serie de caldos.
Como por ejemplo, los vinos de Creta y Chipre, así como el vino frigio, de un color rojo subido.
También se apreciaba el vino de Palestina por su suavidad y graduación, y se celebraba el vino ligero del valle del Sharón, y el vino etíope, todos desaparecidos ya.
Junto a estos vinos de prestigio hubo otros de consumo muy popular:
Vinos mezclados con agua hervida y bálsamo que se tomaban tras el baño.
El vino chipriota bebido con incienso.
El oinomele griego, de miel y pimienta.
El vino dulce ilioston, parecido a la mistela, procedente de uvas expuestas al sol durante tres días.
El vino de Meushan, elaborado con uvas dulces ahumadas.
El vino especiado de Libia, joven y amargo, llamado vinum conditum, que se bebía todavía en el siglo VI de la era cristiana.
Historia del vino en el Antiguo Egipto
El primer sistema para extraer el zumo o mosto de los racimos de uvas fue pisarlos. Pero los egipcios fueron mejorando este procedimiento y envolvieron las uvas en telas de lino de cuyos extremos tiraban para extraer el mosto.
Conocida es la anécdota de cierto bodeguero de Alejandría, poseedor de trescientos frascos de vino muy viejo, setenta años, en una época en la que un vino de tres ya era una rareza.
En aquella bodega del Egipto antiguo llamada “Las buenas cosas” se vendía ese vino para regular el vientre, bajo receta médica.
En torno al vino existía una serie de creencias peregrinas; se decía que ciertos caldos exóticos podían dejar embarazada a una mujer sin concurrencia de varón. No faltaba quien asegurara que mientras unos vinos causaban insomnio, otros abatían tanto al hombre que tardaba en despertar de su modorra.
Historia del vino en la Grecia clásica
El vino griego, era muy distinto a lo que hoy entendemos por tal. Era muy oscuro y espeso, tanto que se bebía mezclado. Se almacenaba en barricas, odres o ánforas de arcilla que taponaban con tejido impregnado en aceite de oliva o grasa animal, y lacraban o cegaban con barro arcilloso.
Dionisio, dios griego del vino
En el primer caso el aire penetraba en el interior volatilizando los aromas naturales; en el segundo, el taponado de arcilla hacía imposible la transpiración y el vino se pudría.
Los vinos clásicos duraban poco, pero llegaron a tener renombre los de Quíos o Lesbos, que viajaban en recipientes de barro de la altura de un hombre, especie de ánforas con orejas y base puntiaguda.
Estas voluminosas piezas cerámicas se taponaban con barro envuelto en un trapo y sellado con cola de pescado. El vino común solía venderse a granel, y en envases de pequeño formato a gente adinerada de la ciudad o de la diáspora griega.
Era tan fuerte que se aconsejaba mezclarlo con agua e incluso con sustancias que hoy parecen aberrantes, como la resina, agua de mar y especias.
Sócrates, decía que el vino humedece el alma y calma las penas adormeciéndolas: hermosa manera de decir que lleva al hombre al olvido de sí y de sus problemas.
Por lo general, el vino que se bebía en los simposia o reuniones de amigos se aromatizaba con hierbas que alteraban su sabor. Eran vinos del año; en Grecia un vino de cuatro años era ya un vino de gran solera, en el límite de su edad posible.
Homero asegura en el canto XIV, de la Odisea: “El vino, ese loco que hace cantar, bailar y reír llorando’”.
Y el poeta bucólico Teócrito da fe de la bondad de algunos vinos añejos, de los que apenas se tenía oportunidad de beber un par de veces.
En esto se hace eco de Platón, el filósofo griego del siglo IV, que recomendaba no beber vino al hombre que se dispone a yacer con su esposa para generar hijos, ni a los soldados que están en vísperas de combate.
Sea de ello lo que fuere, el vino gozó de gran popularidad en el mundo griego. Se sabe que Sócrates se emborrachaba; también Sófocles, Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno.
Los griegos crearon un sistema revolucionario para extraer el vino: depositaban la uva en un recipiente cilíndrico por cuyo interior descendía un disco o émbolo que estrujaba los racimos. También se aplicó el principio de la palanca para sacarle mayor partido a la uva, que soltaba así el máximo de jugo.
Curioso caso el del vino de Poseidonia, en la costa de Sicilia, cuyos vinos eran muy conocidos en el siglo VI a.C. Dos siglos después la ciudad pasó a llamarse Paestum, apelativo con el que se comercializó y llegó incluso a España, donde pasado el tiempo se llamaría vino de Pastum, de donde se diría “pasto” o vinazo, nombre que ha llegado hasta nuestros días.
Historia del vino en el Imperio Romano
En Roma, adonde algunos creyeron en la Antigüedad que había sido Saturno el encargado de llevar tan delicioso caldo, el emperador romano Tiberio, sucesor de César Augusto, tuvo fama de borracho.
De él se cuenta que abusaba tanto de la bebida que dieron en llamarlo Biberio…, pero no es sino un juego de palabras de la época.
Los romanos mejoraron el sistema de extracción del vino inventando una especie de colador-exprimidor.
En el siglo II a. C., el escritor latino Catón el Viejo describe en De re rustica una prensa de uva con tornillo que había visto en las Galias, en la región correspondiente a la vieja provincia de Châteauneuf-du-Pape.
Todos estos avances mejoraron el producto y dieron un vino más elaborado y puro. Sabemos cómo era el vino antiguo. Unos pequeños frascos de vidrio sellado, hallados en el fondo del mar entre restos de naufragio muestran que nada tenía que ver con el actual.
Si hoy se alaba la pureza, la ausencia de mezclas en un buen vino, antiguamente era lo contrario: vinos y licores se mezclaban con perfumes, miel, áloes, tomillo, bayas de mirto, mirra e incluso con agua de mar.
Para el alcoholismo, mal frecuente en la Antigüedad, los antiguos ya buscaban remedios. Plinio daba el siguiente para aborrecer la bebida:
“Échense dos anguilas vivas en una cántara llena de vino, y no sacarlas hasta que se hayan hinchado y ahogado. Después, sáquense y cuécelas en agua, dándoselas a comer a quien esté determinado abandonar el vicio, quien además deberá beber el vino en el que las anguilas perecieron. Tomará en breve tal aborrecimiento al vino que no volverá nunca más a él”.
Aunque a veces el vino era visto como remedio de muchas enfermedades. Plinio los dividía en cuatro:
El vino tinto es bueno para gentes de temperamento colérico o sanguíneo.
El vino blanco deben beberlo los flemosos y quienes tienen piedra o arenilla en el riñón.
Los melancólicos beberán el vino rojo.
En cuanto al vino oloroso, debía huirse de él porque da dolor de cabeza.
Historia del vino en la Edad Media
Durante la Edad Media decayó el arte de la vinificación. Pese a que los romanos habían llenado de viñas las comarcas que ellos entendían podían dar buena cosecha: África del Norte, España y Galia.
Fue cultivo propio de monasterios y abadías por la necesidad que del vino se tiene en la celebración de la misa. El esfuerzo de los monjes trajo avances en el arte de la viticultura.
También fue elaborado cuidadosamente por los judíos, que usan el vino en sus principales fiestas y en las vísperas del sábado, su día sagrado.
Creen algunos que el vino llegó a su cumbre de perfección con el champagne, creación de un monje de la abadía francesa de Hautvilliers hacia 1690.
No fue invento casual; el benedictino Dom Pérignon, gran catador, discurrió mucho hasta conseguir el caldo espumoso y burbujeante que Luis XIV puso de moda en Francia en perjuicio del Borgoña, que hasta entonces se bebía.
Idea del mismo fraile fue envasar en botellas herméticas, lo que permitía conservar el gas carbónico producido en la fermentación de primavera, cuando se produce la espuma: y aunque no inventó el tapón de corcho, que ya emplearon los romanos, sí lo recuperó y comenzó a poner las botellas boca abajo.
El vino era almacenado en barricas de madera, en las que madura normalmente a los tres años. Un mayor tiempo de almacenamiento puede no dañarlo, pero desde luego no lo hacía mejor.
No fue hasta finales del XVIII, cuando se mejoraron los procesos de obtención y elaboración del vino, hasta el punto ya que los caldos podían permanecer hasta veinte años dentro de los barriles.
Etimología de la palabra vino
Por cierto, la palabra vino proviene del latín vinum, un término presente en la obra de anónimo autor el Cantar de Mio Cid, la más antigua que nos ha llegado en castellano de nuestra literatura.
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